Hear me out.
A veces pienso que los móviles no deberían tener cámaras delanteras.
Y sí, claro, sin cámaras delanteras no existirían los selfies,
o al menos sería mucho más difícil hacerlos.
Pero esa es la gracia.
Si quitásemos las cámaras delanteras de los móviles,
la gente se vería obligada a buscar otras formas de hacerse fotos a sí mismos o con otras personas.
Se verían obligadas a hacer un ejercicio creativo: ¿Dónde puedo poner mi móvil
para que salga lo que quiero en la foto y con el encuadre que quiero?
Por no hablar del ejercicio de imaginación y paciencia que requiere primero
observar a dónde está mirando la cámara e imaginar qué está viendo exactamente.
O, alternativamente, podrían pedirle a una persona que esté por ahí que les haga una foto (siempre que haya alguien alrededor).
Eso también añadiría un aspecto social, lo cual siempre está bien.